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23/4/2014
Mourinho juega al frontón

Mourinho juega al frontón

Es lo de siempre. ¿Juega bien al fútbol el Chelsea? Pues al fútbol que su entrenador propone juega a las mil maravillas. Partió Mourinho con el objetivo único de mantener su portería a cero, sin intención ninguna de herir al rival, y lo consiguió. Dispuso sobre la hierba un muro de nueve hombres contra el que el Atlético se estrelló una vez y otra, y otra más, ahora por el centro, con Cahill y Terry despejando como si no hubiera mañana, ahora por los costados, donde Willian y Ramires eran segundos laterales. Metió el portugués a Obi Mikel por si a Simeone se le ocurría, que se le ocurrió, poner a Diego Ribas en la hierba buscando algo parecido al último pase primero y al disparo desde fuera del área después, y de resultas de todo eso salió una escombrera de partido, el que soñó el Chelsea, ni más ni menos, que deja para su estadio la resolución de una eliminatoria seca de belleza y plena, eso sí, de emoción. [Narración y estadísticas]

Estábamos con Obi Mikel. El nigeriano, otro bigardo, se unió a Lampard y a David Luiz en el honesto cometido de entorpecer cualquier intento del oponente, que la verdad sea dicha, lo intentó. Con poco éxito, pero lo intentó. Un cuarto de hora tardó el Chelsea en tener la primera posesión, entendida ésta como tocar el balón más de tres veces entre compañeros. Cierto que en todo ese tiempo el Atlético ni se acercó a a Cech, que la primera vez que tuvo que intervenir fue para sacar casi de dentro un córner directo lanzado por Koke. Tal fue el empeño del portero checo para evitar el gol que se dio un soberano golpetazo contra el suelo. El brazo derecho quedó para el desguace y en su lugar hubo de comparecer el guardameta suplente.

Schwarzer, tras la lesión de Cech

Y el suplente es un tipo que atiende por Schwarzer, australiano para más señas, camino de los 42 veranos ni más ni menos, un sospechoso de todas todas, protagonista de un guión muy del Atlético. Enfrente tenía un portero flojito, con Courtois pasando fresco en su propia guarida, y eso que Courtois es del Chelsea, y no iba a jugar, pero al final jugó, y entonces resulta que había un porterazo inactivo en los de casa y un, parecía, peligro público en los de fuera, con la coincidencia, además, de que Schwarzer era el portero del Fulham en la final de la Europa League de 2010, inicio del rosario de éxitos rojiblancos en el último casi lustro. En fin, que la cosa prometía.

Schwarzer tenía por delante fanáticos que corrían y corrían y volvían a correr con tal de destrozar los esfuerzos de los rojiblancos.

Y, sin embargo, el paso de los minutos iba demostrando, tacita a tacita, que en realidad el nombre del portero del Chelsea daba igual. Por delante de él tenía fanáticos que corrían y corrían y volvían a correr con tal de destrozar los esfuerzos de los rojiblancos, que lo intentaban todo con tal de avanzar un metro, empresa harto difícil en cuanto rebasaban el centro del campo. Como en el fútbol americano, el Atlético caminaba a trompicones, esta vez con un saque de banda, en otro momento con una falta, luego con un empujón a tiempo. Todo muy fatigoso, verdaderamente aburrido para el espectador. Diego se descolgaba para pedirla, Mario y Gabi trataban de avanzar, Juanfran y Filipe también, pero no había manera. Era horroroso.

Torres, desconectado

Diego Costa, entretanto, braceaba y braceaba con los centrales, se dejaba caer un poco, pero era tan poca la distancia entre la defensa y el centro del campo blue que al final era todo lo mismo, con Torres -sí, volvió al Calderón, pero bastante hizo con perseguir melones- a 40 metros del resto del equipo, desconectado y en busca de una guerra de la que apenas sacó un par de faltas y muchos disgustos. Era difícil para el Atlético incluso rapiñar centros desde situaciones cercanas al área, así que de repente apareció Mario y probó desde lejos, fuera por poco, y también se animó Gabi, pero nada. Quitando esa ocasión del córner de Koke y ese lanzamiento de Mario que lamió el poste, no hubo opciones para los de Simeone, preocupado también, cómo no, por no desnudarse y permitir una contra del rival. No le hacía falta. El Chlesea ya había renunciado a eso por sí mismo. Y no le importó perder tiempo en cada saque de banda o de puerta. A eso había venido.

Tal fue la cosa que el primer disparo a puerta del Chelsea fue en el minuto 47, ya en la segunda parte. Fue de Lampard a las manos de Courtois. Por consignarlo, más que nada. Igual que el otro, que fue de Torres. También a Courtois. Y ya. Al cuarto de hora puso Simeone en el campo a Arda, un poco de magia, de improvisación para ver si de ese modo conseguía encontrar una rendija en el muro. Y lo intentó el turco, claro, pero... ¡tampoco! Ni con él ni con el balón de un lado a otro. Ni con las jugadas a balón parado. Había tal cantidad de gente en el área del Chelsea que más parecía la calle Preciados en Navidad. La tuvo, tras muchos rebotes, Raúl García, y Gabi casi lo consigue en una falta directa, pero lo peor para el capitán no fue eso sino la tarjeta que vio en una trifulca, y que no le dejará jugar la vuelta, baja seria para Simeone, igual que la de Lampard para Mou. Se desangró el Atlético golpeándose contra el muro hasta el final. Agua. Vino el Chelsea a por el cero en su portería y se lo llevó. En Stamford Bridge no será muy diferente, y ahí será el Atlético el que decida si quiere intentar lo mismo o seguir proponiendo, como ayer, que no sirvió.

Fuente: elmundo.es

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